Adra, una historia milenaria.

Adra es un lugar singular, tanto por cuestiones geográficas como históricas, y es importante conocer como se ha forjado su identidad gastronómica.

Es uno de los municipios más antiguos de la península ibérica, con más de 30 siglos de historia, y por su posición costera se convirtió desde sus inicios en foco de transmisión cultural y comercial, conformando la base de la identidad mediterránea: un lugar de contacto e intercambio por vía marítima a través del mar que nos une.

Antes de integrarse en el imperio Romano, Adra pertenece a la cultura púnica, con centro en Cartago (actual Túnez). En la época romana, desde Adra se exporta a grandes mercados del imperio el garum, una pasta muy apreciada, elaborada con vísceras de túnidos, sazonada y perfumada con distintas hierbas y especias.

En el periodo medieval conoce la expansión y afianzamiento de la cultura hispanomusulmana, fruto de la hibridación entre los ocupantes africanos y las cultura locales preexistentes, lo que también significó un flujo de transmisión cultural, técnica y de aclimatación de distintas especies vegetales procedentes del medio Oriente. También las técnicas de irrigación experimentaron un impulso y expansión es esa época y que asentaron las bases de los espacios de regadío en el entorno abderitano.

Historia de Adra kmcero

Entre el siglo XVI y XVIII comienza a expandirse el cultivo de la caña de azúcar, la construcción de los primeros ingenios y la incorporación de nuevas producciones del Nuevo Mundo, que hacen una determinante aportación a la configuración de la dieta gastronómica del municipio.

Durante la etapa contemporánea, Adra juega un papel acorde a su posición, siendo puerto de salida natural de las producciones alpujarreñas, además de recursos mineros.

Pero también en las primeras décadas del siglo XX y tras la construcción del puerto de Adra, el municipio experimentó un aumento industrial con actividades de conserva, tanto vegetales como de pescado (en especial la melva canutera) en la fábrica de Santa Isabel.

Ya desde mediados del siglo XX, Adra se incorpora al proceso de cambio de modelo agrícola (cultivos bajo plático), representando un ciclo exitoso en la historia de la economía abderitana y almeriense.

Nuevas variedades, nuevas formas de producción y de comercialización y la incorporación de la innovación sincronizada con la demanda caracterizan este último ciclo.

Todos estos hecho acontecidos en la historia han marcado la gastronomía abderitana, englobada en distintas escalas de identidad.

La gastronomía y su legado histórico

La más general es la mediterránea. Una cocina de prestigio mundial por la calidad de sus productos, por ser equilibrada y saludable y porque actúa de tarjeta de visita de un mundo atractivo, deseado y que se asocia con el más depurado concepto de “calidad de vida”.

Esta gastronomía resulta de la concurrencia de tres entornos productivos: el mar, la huerta y el monte, presentes de forma especialmente directa en el municipio de Adra.

El clima mediterráneo, con clara diferencia estacional, trae como consecuencia que las producciones estén relacionadas con distintas épocas del año y por ello, la conservación de los alimentos para usarlos en cualquier estación es un elemento que propició el desarrollo de diferentes técnicas de conservación: secado, salado, embutido, encurtido, en aceite, en escabeche…).

El carácter específicamente extremo del clima surestino también marca la diferencia entre secano y regadío, teniendo trascendencia en el recetario y la tradición culinaria: las especias, cereales, frutales como el almendro, la higuera o la miel (de secano), pero también las hortalizas, verduras y otras frutas (de regadío).

Legado gastronómico - Adra kmcero

A estos productos podemos también sumar los alpujarreños, con características gastronómicas de sofritos o majados y el uso de la almendra (de herencia oriental) y la caza perdiz, conejo.
Y todo ello sin olvidar los matices costeros, pesqueros y portuarios donde destacamos el pulpo, los boquerones, el rape, la gallineta, la brótola…
Todo esto hace de la gastronomía abderitana un valor histórico, cultura y social del municipio y que es preciso dar a conocer.